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http://upc-historiaperu.blogspot.pe/2010/10/ii-la-mujer-indigena-y-la-esclava-en-el.html

Trabajadoras domésticas remuneradas en el Perú: ¿Por qué es importante hablar de ellas?

Explorando situaciones de marginación en la sociedad peruana contemporánea.

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Publicado: 2016-09-20

Ellas son mujeres de pocos recursos, frecuentemente solo adolescentes, y en su mayoría migrantes. Buscan un futuro mejor que el que dejaron atrás. Quieren hacer algo con sus vidas. Pero la mayoría de las mujeres que llegan a Lima a insertarse en el trabajo doméstico remunerado corren un alto riesgo de ser laboralmente explotadas y hasta abusadas. ¿Cuál es el origen de este trabajo? ¿Qué significa esto para la sociedad peruana? ¿Por qué es importante saber de ello y hablar de ellas? 

Los orígenes

El servicio doméstico existe en toda América Latina desde los tiempos de la colonia. A diferencia de la historia europea de este sector en que este trabajo era bien visto y constituía una vía de movilidad laboral vertical, en Latinoamérica este trabajo se asoció con mujeres indígenas o afrodescendientes pobres.

Elizabeth Kuznesof (1989) nos explica en “A History of Domestic Service in Spanish America, 1492-1980" que en el sistema patriarcal que se estableció en las nuevas colonias hispano hablantes, el servicio doméstico fue uno de los pocos empleos permitidos a mujeres.. En el Perú, las mujeres entraron a este sector por necesidad, en la medida en que sus maridos se iban a trabajar en las minas y ellas quedaban solas e igualmente responsables por cumplir con el pago de los tributos a España. En una situación de esclavitud de facto de la mayoría de la población nativa del Perú no es difícil de imaginar cómo es que las más vulnerables entre ellas –mujeres indígenas y afros sirviendo en casas privadas– fueron rápidamente relegadas a un estatus de extrema inferioridad en la nueva sociedad colonial. Según señala Elinor Burkett (1977) en "In Dubious Sisterhood: Class and Sex in Spanish Colonial America”,  las servidoras a sueldo más comunes y menos pagadas eran mujeres indígenas.

Implicancias para la sociedad peruana contemporánea

El libro de Alberto Rutté García, "Simplemente Explotadas" (1973), hizo un esfuerzo por explicar la situación de la trabajadora doméstica del Perú en su momento. Con la excepción de haber conseguido algún nivel de educación –solo el nivel de primaria, si es que algo– las condiciones, explotación y actitud general hacia estas trabajadoras en el momento de dicha publicación no eran demasiado diferentes a las experimentadas en el tiempo de la colonia. Otras investigaciones subsiguientes como el "Diagnóstico de la educación formal y del rol ocupacional de la mujer: domésticas" de Blanca Figueroa (1974), y el libro seminal de Elsa Chaney y Mary García, "Muchachas No More: Household Workers in Latin America and the Caribbean" (1989), ayudaron a dar voz a la condición inferiorizada de estas trabajadoras. Si bien este último texto manifestaba alguna esperanza por la sindicalización de estas trabajadoras que había comenzado en los años 70, también reconoció su continua marginación en las relaciones sociales y laborales. Mi propio trabajo de 2015 indica que en el siglo 21 estas trabajadoras permanecen “al fondo del escalafón” (Pérez y Llanos 2015) en torno a sus sueldos y con respecto a los derechos sociales y laborales adscritos a ellas. Y esto, pese a que a nivel internacional ha habido importante progreso en torno a la promoción de los derechos de este sector, principalmente por medio de la Convención 189 de la Organización Internacional para el Trabajo (OIT).

Sin embargo, a pesar de que la región latinoamericana es la parte del mundo en la que más ratificaciones del Convenio ha habido, el Perú aún no ha elegido ese camino. Por tanto, el bienestar laboral de estas mujeres permanece aún principalmente en las manos de sus empleadores. Sin una ley que les otorgue derechos plenos, trabajando en residencias privadas, dentro de un país en la cual la mayoría de la población es mal remunerada, ellas corren altos riesgos de ser no solo mal pagadas, sino también maltratadas.

Esta situación se vive en un contexto en el cual los establecimientos públicos han comenzado a colocar afiches que sugieren que “en este sitio no se discrimina”. Pero la realidad es que en el Perú sí se discrimina, tanto por medio de la política pública, como también por parte de los mismos empleadores, muchos de quienes mantienen actitudes racistas y discriminatorias. Y sin monitoreo alguno del Estado, en la práctica los empleadores siguen en una posición superior de poder frente a estas trabajadoras. Si bien las historias del maltrato no son generalizadas como alguna vez lo fueron, lo que preocupa es que si quiera persistan y que las relaciones de poder sean tan asimétricas.

En la sociedad peruana de hoy, entonces, el trabajo doméstico remunerado –en la mayoría de los casos-- sigue siendo un empleo que, en complicidad con el Estado peruano, es altamente explotado. Asimismo preocupa que las explotadas sigan siendo mujeres, principalmente de procedencia indígena y pobres, muchas de ellas poco más que niñas. Como nos dice Brigitte Young  en “The 'Mistress´ and the 'Maid´ in the Globalized Economy” (2001), esto ha “creado una nueva clase inferior femenina étnicamente definida en los hogares que carece de los derechos políticos y los derechos legales”. En el Perú, la combinación de su etnicidad, su condición de migrante, su género y clase social hasta ahora solo han servido para marginarlas. Pese a que a diferencia de los tiempos de Rutté García, la mayoría de estas trabajadoras ahora cuentan con algún nivel de educación secundaria, algunas incluso teniendo estudios en institutos, para la mayoría del sector esto no se ha traducido en más derechos.

El trabajo y ellas

Es justo porque este trabajo se lleva a cabo por mujeres vulnerables que nuestra atención tiene que detenerse en ellas. No es solo un tema de derechos para aquellas más marginadas de la sociedad. Es un tema que aborda la violencia –de todos tipos– contra mujeres y su plena inclusión en la sociedad peruana.

Hace seis semanas se llevó a cabo la manifestación pública más masiva en nuestra historia reciente por medio de la marcha “Ni una menos”. Siendo el énfasis de ésta llamar la atención sobre la violencia contra la mujer peruana y demandar concientización y acción frente a ella, no hay que olvidar la violencia estructural establecida desde la colonia que aseguró que el trabajo doméstico se discrimine hasta el presente día y continúe relegando a miles de adolescentes y mujeres a un estatus de segunda clase. Es hora de ponerle fin a esa historia y asegurar la inclusión plena de este sector.


Escrito por

ledaperez

Investigadora Afiliada al Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico [CIUP]


Publicado en