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Trump y el precariado

Publicado: 2016-11-11

Aún en estado de shock a raíz de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos (EEUU) de América, busco el balance y me hago la misma pregunta que muchos se harán en el día de hoy y en los demás días por venir: ¿Qué pasó? Es cierto que siempre que miramos hacia atrás vemos con mayor claridad el desenvolvimiento de los hechos, y para mí no ha sido diferente. Dos palabras han quedado alojadas en mi cabeza: “el precariado”. 

Guy Standing, académico británico, es uno de los últimos en analizar de cerca “el “precariado”, la nueva clase social que este autor considera altamente peligrosa según su libro de 2014 sobre el tema. Su estudio está centrado en los efectos de la globalización -- particularmente el neoliberalismo -- sobre los trabajadores de Reino Unido. Según Standing, el precariado no se refiere a un grupo de personas sin educación alguna, sino precisamente en gran medida se trata de profesionales de clase media que, por políticas de flexibilización laboral se han quedado marginados de beneficios o protecciones. Esto puede reflejarse, por ejemplo, en trabajos sin contratos y sin seguridad; de la trampa de trabajar en casa, o hacer varios trabajos simultáneamente, pero sin regularidad de sueldo alguno. Asimismo, el precariado está también compuesto de esa clase media tradicional, semi-profesional u obrera que ya no cuenta con las industrias de antaño. Ya se sabe que esta tendencia en Gran Bretaña ha ayudado a impulsar el voto a favor de Brexit, una mayoría de los trabajadores de ese país sintiendo que la globalización por medio de la Unión Europea, combinado con la situación descrita líneas arriba los ha dejado más inseguros que nunca en sus situaciones laborales cotidianas. Standing advierte que en el mundo globalizado en el cual se vive, el precariado representa una nueva clase que trae consigo la posibilidad de movilización frente a la insuficiencia del modelo neoliberal así ayudando a impulsar un sistema más inclusivo y progresista. Pero, también advierte que puede ser altamente peligroso, arrojando de la especie humana todo tipo de odio, resentimiento y violencia.

Con Standing susurrando en mis oídos, temo que la victoria de Trump en los comicios de mi país representa el comienzo del lado más oscuro de esta nueva clase social. Pues casi más preocupante de lo que ha sido la elección misma es que en el mundo entero hemos visto con claridad la cara más fea del precariado en el proceso de la campaña electoral. Por tanto, aquí me enfoco en ellas y ellos, pues la verdad es que mucho se ha escrito sobre la personalidad de Trump, el odio que ha destapado y el temor colectivo mundial que se siente frente al saber que el pelirrubio despeinado con cara de color naranja ahora comanda el primer poder mundial. Más importa ahora, sin embargo, es considerar, ¿Quién aseguró su poder? ¿Por qué? y ¿Qué hay que hacer?

Si bien hay muchas críticas que se le podrán a hacer el cineasta/documentalista Michael Moore -- entre ellas, panfletario no creo que fuera una etiqueta injusta -- hay que reconocer que en la llamada de atención a EEUU que publicó una semana antes de que Trump fuera elegido, acertó. Entre los varios puntos que destaca, regaña al partido demócrata por haber olvidado– o, peor, haber ignorado – a esta población, gente que ha sido dejada atrás ya hace mucho tiempo. Y si bien sabemos que no hay vuelta atrás, pues el tiempo de las grandes factorías ya pasó, diga lo que diga Trump cuando insiste en aferrarse a su retórica proteccionista, al menos él les escuchó y, mirándoles a sus caras, les prometió un cambio. En contraste, así como gran parte de los medios de comunicación, el Partido Demócrata se concentró en descontar y disminuir a esta población y su poder, asumiendo que la porción del electorado que apoyara a Trump eran unos simples, maleducados (en todo sentido de la palabra) -- los que en mi país despectivamente se les dice “white trash”. Pero he ahí un gran problema.

No se me olvida un artículo de “Stir” que leí en medio de la campaña electoral que mucho me impresionó por su muy claro análisis histórico sobre estas mismas personas. La autora del artículo usó un refrán repetidamente en el artículo -- I am just a poor white trash motherfucker. No one cares about me (“Soy un pobre, basura, hijo de puta blanco. A nadie le importo”.). A lo largo del trabajo, usa este refrán, casi como mantra, para señalar la historia de esta clase de blancos que puede trazar sus inicios humildes hasta el primer siglo de la república. Es una historia de pobreza generacional dentro de lo cual también se cultivó un ferviente racismo que – según ella -- tiene su origen en leyes establecidas para asegurar pequeñas diferencias entre blancos y negros con el fin de mantener un orden jerárquico. Si bien me parece con cada minuto que pasa desde la elección de Trump que hay mucho aún por aprender de la composición de sus votantes, es claro que estos “pobres diablos” representan un componente del electorado que le trajo la victoria. Asimismo, me parece claro reconocer que no ha sido ni útil, ni cierto pintar a esta base de apoyo con una misma brocha. Pues justo es porque fueron rápidamente definidos y descontados que no fueron vistos con claridad. Pero Trump sí los vio.

Asimismo dentro del grupo de los que apoyan a Trump hay que volver al porcentaje significativo de personas que no califican propiamente como aquellos más pobres o de los más ignorantes, racistas o todo lo anterior. Sino ha habido una importante parte del voto que sugiere una ultra frustración por haber sido estafados por el sistema; los que tienen pánico de ver la cara y cultura de EEUU cambiar -- de hecho, hay una fortísima corriente de evangelismo cristiano en esta mezcla. Volviendo a Standing, sin embargo, sospecho que un hilo conductor entre la diversidad de votantes que tuvo Trump se encuentra en el llamado precariado – gentes que fueron precarios antes de que el término se popularizara, personas a quien el sistema le falló; y también aquellos que en diferentes escalas viven el resultado de un sistema laboral sin protección alguna. Podemos estar en desacuerdo con Trump por su estilo, su rudeza, y general idiotez, pero ha puesto su dedo sobre el pulso de una realidad preocupante no solo en EEUU, pero a nivel mundial. Pues hablamos de millones de seres que se han vuelto irrelevantes parar el sistema de producción actual. Ello necesita una respuesta inteligente y calibrada y no bastará con una mera descalificación o desprecio. Pues en esa subestimación, El Impensable se ganó la elección.

Mirando hacia adelante, no hay que olvidar la otra capa que complejiza aún más una situación de por si complicada. El país cambia demográfica- y culturalmente a la velocidad de años luz. Pero el cambio no está completo. Los blancos siguen siendo la mayoría y muchos quisieran que así fuera siempre, asegurando para ellos un mundo más simple en el cual las minorías raciales, culturales y sociales conocían su lugar -- así como las mujeres -- y en el que las políticas fueran regidas según la voluntad de Dios. Pero la solución no está en ignorar a este pensamiento reaccionario, sino mirarle la cara y tratar de entender qué hay a la raíz de ello. En muchos casos, siento decir, encontraremos solo odio. Pero suelo pensar que, como dice Standing, el precariado tiene más de una cara. Si bien una es violenta, también existe la posibilidad de canalizar esas energías en algo mejor. Pero primero hay que mirar, y pobre de todos nosotros si el único que se está fijando es Trump.


Escrito por

ledaperez

Investigadora Afiliada al Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico [CIUP]


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