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Volar como águilas cuando ellos vuelan como gallinas

[en los margenes] Explorando situaciones de marginación en la sociedad contemporánea

Leda M. Pérez

Publicado: 2017-01-22

Con la inauguración del día viernes de Donald J. Trump como el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos de América (EEUU), se abre un nuevo período no solo para este país pero para el mundo también. Habiendo llegado finalmente a la Casa Blanca con un discurso divisivo, racista, y lleno de odios, las líneas en la arena están dibujadas; las posiciones de aquí en adelante, claras.  

Por un lado están los que votaron por este mandatario, entre ellos algunas de las gentes más derechistas, conservadoras -- y hasta racistas; así también hay otras y otros que solo querían probar su suerte con el cambio prometido por este multimillonario, outsider político de Washington. Por otra parte está la mayoría de ciudadanos de EEUU que respaldaron a la candidata Hillary Clinton, concediéndole a ésta 3 millones votos más de lo que consiguió el actual presidente en el voto popular. Algunos votaron en este sentido por ser simpatizantes con la candidata del Partido Demócrata y por estar de acuerdo con la plataforma de su campaña. Otros representaron un voto contra Trump.

Luego de las campañas y la posterior elección en noviembre -- por más contencioso que fuera este acontecimiento -- el 20 de enero de 2017, se celebró la inauguración presidencial con toda la pompa y circunstancia que demanda dicha situación. Por ello vimos los noticieros, en su gran mayoría, cubrir el evento con toda la dignidad y respeto que merece la oficina del presidente de EEUU y la transición pacífica de un gobierno al otro. Sin embargo, al mismo tiempo, la democracia norteamericana también abre el espacio para la manifestación, siendo ésta protegida por la primera enmienda de la Constitución: el derecho a la libre expresión. Es por eso que desde el día de la inauguración se movilizaron las gentes en las calles de Washington. El New York Times, entre otras fuentes noticieras, reportaban el viernes que el número de personas y organizaciones que habían pedido licencias para manifestar superaba aquellas de inauguraciones pasadas. De hecho se esperaba que el número de protestas batiera el record histórico. Y así fue -- nunca en la historia de EEUU ha habido tantos manifestantes que han salido a protestar la inauguración de un presidente.

Cuando ellos actúan con bajeza, nosotros nos organizamos

Pero lo más impresionante no ha sido las manifestaciones en Washington en el mismo día de la inauguración, sino que en TODOS los estados del país hubo marchas y acciones entre el 20 y el 21 de enero. En ambas fechas, más allá de manifestar contra la inauguración de Trump, también hubieron marchas en solidaridad con la Marcha de Mujeres en Washington el día 21 que reunió alrededor de 500,000 personas. Asimismo, y añadiendo poder a las marchas muy visibles en EEUU, fueron las marchas en paralelo en 57 países del mundo que tomaron las calles desde Nairobi hasta Lima.

Acción en Lima liderado por Democrats Abroad Peru,  Parque George Washington


En Lima, nos reunimos alrededor de 40 manifestantes, incluyendo niños y adultos, norteamericanos y peruanos. Con pancartas y banderolas elevamos nuestras voces para reafirmar un mensaje de diversidad, inclusión y respeto por los derechos humanos. En un Mirabus decorado con mensajes en pro de estos sentimientos, nos acompañaron varios medios de comunicación locales y también internacionales incluyendo a la Associated Press y Reuters. En todo el transcurso de la acción hubo una sensación de solidaridad por la protección de estos principios que no solo están en peligro en EEUU a raíz del discurso desatado por Trump, su campaña, y muchos de sus seguidores, pero que peligran en otras partes del mundo también. Por ello la sensación de frustración y preocupación reverbera en el mundo entero pues, pese a todas las diferencias políticas que pueda haber con EEUU independientemente de quien esté a mando, si la democracia en este país, una súperpotencia mundial, no es protegida, ¿qué impacto ocasionará en otros países del mundo? No nos olvidemos que la ultra derecha está en una trayectoria de acenso en diferentes partes del mundo, más notablemente en Europa con paralelos demasiados parecidos a lo que el mundo ya vivió en el siglo pasado antes y durante de la segunda guerra mundial. 

Lo que está en juego en EEUU y en el mundo

Con una amiga recientemente conversábamos sobre la elección de Trump y sus implicancias, no solo para el pueblo norteamericano pero a nivel mundial. Ella me recordó sobre la “banalidad del mal”, concepto acuñado por Hannah Arendt a raíz de su análisis del nazi Adolf Eichmann. Arendt arguye que muchos actos horribles se hacen en nombre de una burocracia, por aquellos que desean hacer su trabajo, sin cuestionar y sin una convicción particular ni por el bien, ni por el mal. Lo que sucede en estas situaciones es que el individuo es capaz de cometer actos deplorables si es que no cuestiona el poder o sistema que le ordena a actuar. En otras palabras, lo que sugiere Arendt es que dentro del nazismo muchos actuaron en base a órdenes porque existía una coyuntura en la cual este comportamiento se había normalizado.

A mi parecer, estamos frente al inicio de una situación parecida ahora y, tal vez sin referenciar expresamente al concepto descrito líneas arriba, es exactamente a lo que preocupa a tantas personas a escala global. Es la razón por la cual tantos marchamos – y seguiremos marchando y declarando. Pues, el discurso del odio, la división, y el poder de unos pocos sobre muchos y muchas, no puede ser normalizado. De permitirlo, habríamos abierto la puerta para próximas acciones de marginación y autoritarismo.

¡Los pueblos unidos jamás serán vencidos!

Poder participar en una acción en Lima en mi condición de norteamericana viviendo en el Perú ha sido personalmente revindicador. Pues me ha permitido solidarizarme con otros, tanto compatriotas como amigos y colegas peruanos en torno a preocupaciones de gran transcendencia no solo para mi país natal, pero también para el Perú y otros países del mundo. .

Si bien en el Perú se evitó la elección de una persona como Trump, aún batalla cotidianamente con los estragos de marginaciones históricas y con la realidad de que muchos y muchas no pueden ejercer plenamente sus derechos humanos. Es un país donde hay una minoría que ocupa los sitios de poder mientras la mayoría lucha cotidianamente por su pan de cada día.

Ojalá y que la ira compartida en torno a muchos de los valores despreciables desatados por la campaña y ahora naciente presidencia de Trump nos ayude a recordar a todas y a todos que no hay sitio para la división, el racismo, el sexismo, la homofobia, o la exclusión de cualquier tipo. El mundo en que vivimos necesita a más personas que se pongan de pie y declaren un sonoro ¡NO! frente a esas divisiones sean ellas en EEUU, o en el Perú.

No tengo duda que a la larga los “pueblos unidos” tendrán mayor fuerza de la que tiene una doctrina de odio. Pero hay que hablar, hay que actuar, hay que tomar una posición. De hecho, hay que volar como águilas, estratégicas y sabias frente a esas gallinas. Es ahora o nunca.


Escrito por

ledaperez

Investigadora Afiliada al Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico [CIUP]


Publicado en